Aguafiestas
El pasado 29 de agosto, doce mil 937 personas, en su mayoría niños, niñas, adolescentes y jóvenes bailaron Thriller, la mítica coreografía de Michael Jackson. Junto a ellos al menos el triple de espectadores, es decir que casi cincuenta mil personas se dieron cita en el Monumento a la Revolución ese sábado por demás lluvioso.
Demasiados fans para un tipo como Jackson. ¿Qué es lo que ven estos niños y niñas en una persona que para empezar era el prototipo de la negación y la autoflagelación? Según la Encuesta Nacional de Discriminación (2005), una de cada tres personas en México opina que lo único que tiene que hacer los indígenas para salir de la pobreza es “no comportarse como indígena”. Es decir dejaras de ser discriminado cuando dejes de ser lo que eres, nada más alejado de los valores de tolerancia y respeto intrínsecos al proceso de aceptación de lo diferente. Y si en algo es ejemplar Jackson es en su rechazo a la diferencia, nada mas habría que observar su piel siempre en lucha por ser blanca, su nariz y su cara repletas de cirugías y un pelo eternamente alaciado.
Pero lo más preocupante es la fascinación por un hombre que murió endeudado, porque a partir los primeros 20 millones de dólares que tuvo que pagar en los 90’s por la primera denuncia de abuso sexual, las demandas continuaron y el pagó, una y otra vez. Michael era un abusador sexual infantil, el mismo en su entrevista con Bashir, aceptó haber compartido la cama con niños. Entiendo el fenómeno mediático, vende y punto; pero qué pasa en la mente de los adultos que rodean a esos miles de infantes, cuando permiten y fomentan su admiración por personas como MJ. Hay un déficit de referentes, pero existen. Hoy basta con mirar al cielo y tener la certeza de que José Hernández está ahí, buscando localizar Michoacán desde su nave espacial. Un niño mexicano: pobre, migrante y jornalero agrícola, que rompió con el círculo. Hoy millones de niños y niñas son pobres, miles son migrantes y cientos jornaleros. Perdón si soy aguafiestas, pero hoy preferiría que el ídolo del momento fuera José Hernández.
Nashieli Ramírez Hernández
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