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Perdiendo el bono

miércoles, 09 de septiembre del 2009 a las 18:37
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Se conoce como “bono demográfico”, a la oportunidad económica que se genera por el cambio en la pirámide poblacional, producto de un crecimiento mayor de la población en edad de trabajar con relación a la población dependiente (niños/as y adultos mayores). Esto es la oportunidad de tener una mayor proporción de población en edad de ahorrar, invertir y trabajar. Teóricamente si esta circunstancia se aprovecha es posible detonar un proceso de mayor crecimiento económico.
¿Cómo nos estamos preparando? Bueno, tenemos a dos de cada diez jóvenes de entre 15 y 19 años sin estudiar, ni trabajar, lo que nos coloca en el segundo país con mayor inactividad juvenil, entre los que integran la OCDE. Y dentro de ese bloque tenemos la mayor tasa de madres adolescentes: 65.8 nacimientos por adolescentes por cada mil mujeres; mientras que en Japón es de 3.7 y en Estados Unidos de 49.8.
Según estimaciones de la SEP, para el ciclo escolar actual alcanzamos una cobertura del 64%, es decir alrededor de 4.1 millones de adolescentes están cursando el nivel medio superior. Sin embargo, tomando como referencia los resultados de la prueba ENLACE para ese nivel educativo, dados a conocer el lunes pasado, la mayoría de estos y estas jóvenes, egresará de con un apenas aceptable nivel de lectura y un pésimo acercamiento al lenguaje matemático, impactando en sus herramientas para el razonamiento lógico, analítico y de abstracción. Ocho de cada diez de los estudiantes alcanzaron un nivel de insuficiente a elemental en esa área. En lectura el promedio mejora, ya que alrededor de la mitad se reporta como elemental e insuficiente; sin embargo, mientras que el 76% de los alumnos que viven en localidades de muy alta marginación presentan insuficiencias, el porcentaje para lo que viven en las de muy baja, alcanzan el 44%.
Los datos son alarmantes, estamos perdiendo el bono, pero tal parece que el único bono que les interesa a nuestros políticos es el que se meten al bolsillo.

Nashieli Ramírez Hernández
interessuperior@gmail.com

Aguafiestas

viernes, 04 de septiembre del 2009 a las 18:30
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El pasado 29 de agosto, doce mil 937 personas, en su mayoría niños, niñas, adolescentes y jóvenes bailaron Thriller, la mítica coreografía de Michael Jackson. Junto a ellos al menos el triple de espectadores, es decir que casi cincuenta mil personas se dieron cita en el Monumento a la Revolución ese sábado por demás lluvioso.
Demasiados fans para un tipo como Jackson. ¿Qué es lo que ven estos niños y niñas en una persona que para empezar era el prototipo de la negación y la autoflagelación? Según la Encuesta Nacional de Discriminación (2005), una de cada tres personas en México opina que lo único que tiene que hacer los indígenas para salir de la pobreza es “no comportarse como indígena”. Es decir dejaras de ser discriminado cuando dejes de ser lo que eres, nada más alejado de los valores de tolerancia y respeto intrínsecos al proceso de aceptación de lo diferente. Y si en algo es ejemplar Jackson es en su rechazo a la diferencia, nada mas habría que observar su piel siempre en lucha por ser blanca, su nariz y su cara repletas de cirugías y un pelo eternamente alaciado.
Pero lo más preocupante es la fascinación por un hombre que murió endeudado, porque a partir los primeros 20 millones de dólares que tuvo que pagar en los 90’s por la primera denuncia de abuso sexual, las demandas continuaron y el pagó, una y otra vez. Michael era un abusador sexual infantil, el mismo en su entrevista con Bashir, aceptó haber compartido la cama con niños. Entiendo el fenómeno mediático, vende y punto; pero qué pasa en la mente de los adultos que rodean a esos miles de infantes, cuando permiten y fomentan su admiración por personas como MJ. Hay un déficit de referentes, pero existen. Hoy basta con mirar al cielo y tener la certeza de que José Hernández está ahí, buscando localizar Michoacán desde su nave espacial. Un niño mexicano: pobre, migrante y jornalero agrícola, que rompió con el círculo. Hoy millones de niños y niñas son pobres, miles son migrantes y cientos jornaleros. Perdón si soy aguafiestas, pero hoy preferiría que el ídolo del momento fuera José Hernández.

Nashieli Ramírez Hernández
interessuperior@gmail.com

Plática de Adultos

jueves, 20 de agosto del 2009 a las 19:46
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Somos una sociedad con una fuerte resistencia a escuchar a los niños y las niñas. Los argumentos son variados: “no saben”, “no entienden”, “todavía son chiquitos”; y las respuestas también: “tu opinas, pero yo decido” o “cállate es plática de adultos”.
No escuchamos a nuestra infancia, no sabemos qué piensan, qué sienten, qué opinan de sus mundos, de los adultos que los rodeamos, de las decisiones que se toman por ellos… eso si, “por su propio bien”. El incumplimiento del derecho a participar no reconoce clases sociales, la gran mayoría de los niños y niñas mexicanos son violentados en su derecho a informarse, opinar sobre los asuntos que les afectan, a organizarse.
En la casa esto tiene efectos en la dinámica familiar, cómo sorprendernos de los niveles de violencia que se viven al interior de las familias, cuando su abatimiento depende de la generación de mecanismos de diálogo, mediación y resolución no violenta de conflictos. Sin duda que el mejor antídoto contra el golpe es la palabra, formula imposible de alcanzar cuando no escuchamos a la infancia.
La escuela está altamente influenciada de esta lógica, domina la escena la visión autoritaria y la memorización y repetición como única medida de logro de aprendizaje. En este contexto, lo sucedido hace unas semanas a los integrantes de la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil de México, es fácilmente explicable: estuvieron durante horas expuestos a una intensa luz solar, como cualquiera de nosotros, comenzaron a sentir molestias en los ojos, le dijeron a los maestros que los acompañaban, pero no los escucharon. El resultado: 57 fueron a parar al hospital con un diagnóstico de cratoconjuntivitis actínica ocasionada por radiaciones ultravioletas no filtradas por la atmósfera, mismas que lesionan de manera superficial el ojo.
Por fortuna la ceguera que sufrieron los niños y niñas fue temporal y el episodio no les dejara secuelas visuales. Por desgracia nuestra sordera adulta parece permanente y sus efectos son devastadores: una infancia que
no ve concretada su derecho a participar y una sociedad que no construye ciudadanía.

Nashieli Ramírez Hernández
interessuperior@gmail.com

Don Pablo

viernes, 14 de agosto del 2009 a las 19:40
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El pasado 3 de agosto murió Pablo Latapí, pionero de la investigación educativa y el debate sobre políticas públicas en educación en nuestro país. A unas pocas semanas de conocer los resultados de la Prueba Enlace, no encuentro mayor homenaje al maestro, que compartir con ustedes algunos fragmentos de su conferencia de recepción del Doctorado Honoris Causa de la UAM en el 2007, en donde aborda cuatro preocupaciones personales, una de las cuales se refiere a la calidad educativa.
“A mí me preocupa, primero, que se confunda la calidad con el aprendizaje de conocimientos, lo que simplifica el problema falsamente pues la educación no es sólo conocimiento. Me preocupa también que se establezcan comparaciones de escuelas o instituciones que ignoran las diferencias entre contextos o las circunstancias de los estudiantes, a veces abismalmente distintas… Creo, por tanto, que buscar una educación de calidad no es inventar cosas extravagantes (como llenar las aulas de equipos electrónicos o multiplicar teleconferencias con Premios Nobel), sino saber regresar a lo esencial. Un ejemplo: un cuaderno de composición de Español, corregido con lápiz rojo, en el que el profesor explica el por qué de cada corrección, está transmitiendo “estándares de superación” y llevando al estudiante a comprender que hay mejores maneras de utilizar el lenguaje, que él puede escribir mejor; y lo motiva para exigirse más. Esta concepción de la calidad educativa descansa en dos supuestos: que para poder transmitir calidad es necesario reconocerla, y que para poder reconocerla es necesario tenerla. No hay en esto círculos viciosos ni tautologías, sino el reconocimiento de que la educación es en esencia un proceso de interacción entre personas, y de que la calidad depende decisivamente de la del educador … Al fin de cuentas los educadores sólo transmitimos lo que somos, lo que hemos vivido: algo de sabiduría y algunas virtudes venerables que no pasan de moda: un poco de compasión y solidaridad; respeto, veracidad, sensibilidad a lo bello, lealtad a la justicia, capacidad de indignación y a veces de perdón; y algunos estímulos para que nuestros alumnos descubran su libertad posible y la construyan”.
Descanse en paz.... Don Pablo

Nashieli Ramírez Hernández
interessuperior@gmail.com

Córrele

viernes, 07 de agosto del 2009 a las 18:34
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… Si algún adulto te quiere pegar dile que con uno más grande se ponga a luchar, uno de su tamaño, ¡tal vez un costal! O trátale de explicar: Que en este país el maltrato a los niños está prohibido. Nadie, ¡pero nadie! Tiene derecho a golpearte. Ni tu papá, ni tú mamá, pariente ni maestros. ¡Córrele!, ¡Córrele! Si es grandote y no quiere entender. ¡Córrele!, ¡Córrale! Y ponte a salvo. Será por tu bien ¡Córrele!, ¡Córrele! Si ese grandote no quiere entender ¡Córrele!, ¡Córrele! Después lo aclaras ¡ Pa’ que tienes pies!...
Lo anterior, son estrofas de una canción que forma parte de la campaña contra el maltrato físico, impulsada por el DIF nacional. El problema de la violencia física hacia la infancia, no es menor en nuestro país: en la mitad de los hogares está presente la violencia (ENDIREH, INEGI, INMUJERES) y uno de cada tres niños de entre 6 y 9 años, reportan ser tratados con violencia en su familia (IFE). Sin embargo esta campaña, es poco menos que acertada.
Por el lado práctico refleja una gran ignorancia de las dinámicas familiares vinculadas a la violencia, y los lectores que hayan crecido en un entorno en donde el cinturón, la escoba y hasta la plancha eran objetos educativos lo saben… si corres te va peor. Pero además se equivocan trasladando la visión hoy dominante de que para acabar con la inseguridad y la violencia, la ciudadanía debe poner mucho más de su parte: autocuidarse, denunciar, enfrentarse. Esto no aplica para el mundo adulto y mucho menos al infantil, la seguridad debe de estar en la agenda ciudadana, pero el Estado es el garante y por lo tanto es su responsabilidad que tengamos colonias, barrios, comunidades y escuelas seguras. Nada más como ejemplo volteemos a la comunidad de Le Barón en Chihuahua.
Hacia dónde van a correr los niños y niñas, en un entorno en donde la sociedad justifica y ve como natural la nalgada con fines de corrección y castigo… cuánto tiempo tendrán que correr, cuando la mayoría de las personas piensan que los que hagan los padres y madres con sus hijos, no es asunto público, sino privado. Si, la infancia mexicana debe saber que tiene derecho a no ser violentada, pero también tendría que tener la certeza que hay un Estado fuerte que la protege y que ante cualquier circunstancia antepondrá su interés superior. De lo contario la imagen a la que me lleva esta canción es a millones de niños y niñas corriendo por todas las calles y
carreteras de nuestro país… durante años… como Forrest Gump… en una carrera que sólo será interrumpida cuando cumplan 18 años.

Nashieli Ramírez Hernández
interessuperior@gmail.com

Más que números

viernes, 31 de julio del 2009 a las 19:50
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La seguridad es un concepto horizontal y pluridimensional. Seguridad y Riesgo están presentes en todas las actividades humanas. Relacionamos seguridad con riesgo. La seguridad total equivaldría a riesgo cero, y esa es la fórmula que debería regir la operación de servicios públicos y privados dirigidos a la primera infancia en nuestro país. La seguridad es un derecho fundamental y debería ser un principio rector de las políticas públicas en todos los ámbitos, pero especialmente para la infancia como un grupo social que requiere del desarrollo deliberado de entornos protectores.
Juan Carlos Rascón, pasó los últimos sesenta días de su vida internado en un hospital. Para una persona de mi edad, rayando los cincuenta, 8 semanas se pasan volando, pero para Juan Carlos representaron el 5% del total de semanas de su existencia. Con Juan Carlos suman 49 los infantes muertos víctimas del incendio en la Guardería ABC.
A dos meses de la tragedia, no hay justicia; después de 8 semanas no vemos a las autoridades tomando decisiones sobre los mecanismos idóneos para cumplir su obligación de garantizar la seguridad a los niños y niñas. Durante el mes de junio, esto hubiera sido noticia de ocho columnas, hoy no lo es. Las primeras manifestaciones realizadas en Sonora congregaban a más de 20 mil personas, la última sólo convoco a 7 mil.
Es un imperativo ético preservar en la memoria colectiva de la tragedia de la Guardería ABC, olvidar nos convierte en cómplices de la negligencia y la corrupción, olvidando avalamos a un Estado que no coloca como prioridad la generación de entornos y espacios seguros para su infancia. Y la mejor manera de que la memoria no nos traicione es recordando que la estos 49 niños y niñas, son más que números, tienen rostro y tienen nombre: Ana Paula, Andrea, Andrés, Aquiles, Ariadna, Axel, Bryan, Camila, Carlos, Dafne, Daniel Albert, Daniel Rafael, Daniela, Daré, Denisse, Emilia, Emily, Fátima, Germán, Ian, Javier, Jazmín, Juan Carlos, Jesús Antonio, Jesús Julián, Jonathan, Jorge, Joseline, Juan Carlos, Juan Israel, Julio, Lucía, Luis, María Fernanda, María Magadalena, María Ximena, Nartín, Monserrat, Nayeli, Pauleth, Ruth, Santiago, Santiago de Jesús, Spfia, Valeria, Ximena Yanes, Ximena Alvarez, Xiunelth y Yeseli.

Pobreza Infantil

viernes, 24 de julio del 2009 a las 19:47
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De acuerdo con la ENIGH 2008, 47.4% de la población mexicana: 50.6 millones de personas viven en condiciones de pobreza y marginación, es decir no cuentan con un ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades de salud, de educación, de vivienda, de vestido y de transporte público, aun si dedicaran la totalidad de sus recursos económicos a ese propósito; y 19.5 millones padecen pobreza alimentaria, es decir, que sus ingresos son insuficientes para adquirir una canasta básica de alimentos, incluso si los destinaran exclusivamente para ese fin. Los pobres alimentarios, que bajo otras aproximaciones denominarías pobres extremos, 7.2 millones habitaban en zonas urbanas (localidades de 15,000 o más habitantes), mientras que 12.2 millones residían en el área rural.
Al menos una tercera parte de estos pobres, son niñas y niños. Para alrededor de 25 millones de personas menores de 18 años de edad, el presente malo y su futuro incierto. La pobreza infantil se traduce en déficit nutricional, salud precaria, bajo rendimiento académico, explotación laboral infantil, vulnerabilidad ante los riesgos, entre otros.
El incremento en la talla de la humanidad, es sinónimo de avances en seguridad alimentaria y mejores niveles de nutrición. Hoy la mitad de la población mexicana mide menos de 1.60 metros de estatura y no nos equivoquemos, no es que los mexicanos seamos chaparritos por naturaleza, es que no abonamos con una alimentación suficiente y adecuada a que nuestras nuevas generaciones sean, como debe de ser, más altas.
El incremento en la pobreza en nuestro país nos debe indignar y ocupar, es necesario poner a discusión la apuesta de doce años por una política de combate a la pobreza centrada en Oportunidades, cuyos resultados son un incremento entre 2006 y 2008 de 5.9 de pobres de patrimonio y 5.1 millones de pobres alimentarios. El incremento a la asistencia escolar no es el mejor indicador para evaluar un programa contra la pobreza, es la reducción en el número absoluto de pobres la vara con la que se debe medir su eficacia.
En este país ser niño o niña no es fácil, es difícil transitar por un mundo adulto básicamente autoritario y que en general no escucha a su población infantil. Pero si además si a este transito le agregamos ser pobre, el escenario
es catastrófico. Nada más alejado de la sonrisa fácil y el juego, el día a día de millones de niños y niñas pobres en nuestro país.

Nashieli Ramírez Hernández
interessuperior@gmail.com

Verano cibernético

viernes, 17 de julio del 2009 a las 19:42
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Hace una semana, 25 millones 600 mil alumnos de preescolar, primaria y secundaria; concluyeron su ciclo escolar. Si tomamos en cuenta que la V Encuesta Nacional de Inseguridad (ICESI‐2008), indica que cinco de cada diez entrevistados “prohibieron a sus hijos menores de edad salir a la calle ante los altos índices de criminalidad”, y que la oferta de actividades de verano es limitada o poco accesible a los bolsillos de la mayoría de las familias. De aquí al 23 de agosto, buena parte de los niños y niñas, especialmente de las zonas urbanas, pasaran sus vacaciones en sus casas, frente a una pantalla de televisión, video o computadora.
Para muchos infantes y adolescentes este verano será un verano cibernético. Según la Asociación Mexicana de Internet hay 1.6 millones de internautas de 6‐12 años en zonas urbanas y 6 de cada 10 jóvenes entre 12 y 19 años son usuarios de Internet.
La infancia del nuevo milenio es sin duda una generación informática, sin embargo su aventajada relación con las nuevas tecnologías no es sinónimo de apropiación de mecanismos de protección. En la red existen figuras como la de “ingeniero social” que busca en la red a niños y adolescentes; la entrada es que busca compartir intereses, ganarse la confianza, la privacidad de la amistad (amigos secretos) y la oferta de una amistad diferente. Además México ocupa el primer lugar en el mundo como promotor de turismo social y el segundo en productor de películas de pornografía infantil.
Por lo tanto es responsabilidad de los adultos que la población infantil utilice sólo un nombre o apodo como identificación; nunca revele teléfono o dirección; nunca envié fotografías; nunca acuerde citas con conocidos en línea y que tenga la confianza de informar si hay algo que le provoca incomodidad. Es necesario tener en cuenta que tenemos todavía mucho que hacer desde las políticas públicas y nuestra responsabilidad social, para hacer del mundo cibernético un entorno seguro para la infancia.

Nashieli Ramírez Hernández
interessuperior@gmail.com

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