Perdiendo el bono
Se conoce como “bono demográfico”, a la oportunidad económica que se genera por el cambio en la pirámide poblacional, producto de un crecimiento mayor de la población en edad de trabajar con relación a la población dependiente (niños/as y adultos mayores). Esto es la oportunidad de tener una mayor proporción de población en edad de ahorrar, invertir y trabajar. Teóricamente si esta circunstancia se aprovecha es posible detonar un proceso de mayor crecimiento económico.
¿Cómo nos estamos preparando? Bueno, tenemos a dos de cada diez jóvenes de entre 15 y 19 años sin estudiar, ni trabajar, lo que nos coloca en el segundo país con mayor inactividad juvenil, entre los que integran la OCDE. Y dentro de ese bloque tenemos la mayor tasa de madres adolescentes: 65.8 nacimientos por adolescentes por cada mil mujeres; mientras que en Japón es de 3.7 y en Estados Unidos de 49.8.
Según estimaciones de la SEP, para el ciclo escolar actual alcanzamos una cobertura del 64%, es decir alrededor de 4.1 millones de adolescentes están cursando el nivel medio superior. Sin embargo, tomando como referencia los resultados de la prueba ENLACE para ese nivel educativo, dados a conocer el lunes pasado, la mayoría de estos y estas jóvenes, egresará de con un apenas aceptable nivel de lectura y un pésimo acercamiento al lenguaje matemático, impactando en sus herramientas para el razonamiento lógico, analítico y de abstracción. Ocho de cada diez de los estudiantes alcanzaron un nivel de insuficiente a elemental en esa área. En lectura el promedio mejora, ya que alrededor de la mitad se reporta como elemental e insuficiente; sin embargo, mientras que el 76% de los alumnos que viven en localidades de muy alta marginación presentan insuficiencias, el porcentaje para lo que viven en las de muy baja, alcanzan el 44%.
Los datos son alarmantes, estamos perdiendo el bono, pero tal parece que el único bono que les interesa a nuestros políticos es el que se meten al bolsillo.
Nashieli Ramírez Hernández
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