Plática de Adultos
Somos una sociedad con una fuerte resistencia a escuchar a los niños y las niñas. Los argumentos son variados: “no saben”, “no entienden”, “todavía son chiquitos”; y las respuestas también: “tu opinas, pero yo decido” o “cállate es plática de adultos”.
No escuchamos a nuestra infancia, no sabemos qué piensan, qué sienten, qué opinan de sus mundos, de los adultos que los rodeamos, de las decisiones que se toman por ellos… eso si, “por su propio bien”. El incumplimiento del derecho a participar no reconoce clases sociales, la gran mayoría de los niños y niñas mexicanos son violentados en su derecho a informarse, opinar sobre los asuntos que les afectan, a organizarse.
En la casa esto tiene efectos en la dinámica familiar, cómo sorprendernos de los niveles de violencia que se viven al interior de las familias, cuando su abatimiento depende de la generación de mecanismos de diálogo, mediación y resolución no violenta de conflictos. Sin duda que el mejor antídoto contra el golpe es la palabra, formula imposible de alcanzar cuando no escuchamos a la infancia.
La escuela está altamente influenciada de esta lógica, domina la escena la visión autoritaria y la memorización y repetición como única medida de logro de aprendizaje. En este contexto, lo sucedido hace unas semanas a los integrantes de la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil de México, es fácilmente explicable: estuvieron durante horas expuestos a una intensa luz solar, como cualquiera de nosotros, comenzaron a sentir molestias en los ojos, le dijeron a los maestros que los acompañaban, pero no los escucharon. El resultado: 57 fueron a parar al hospital con un diagnóstico de cratoconjuntivitis actínica ocasionada por radiaciones ultravioletas no filtradas por la atmósfera, mismas que lesionan de manera superficial el ojo.
Por fortuna la ceguera que sufrieron los niños y niñas fue temporal y el episodio no les dejara secuelas visuales. Por desgracia nuestra sordera adulta parece permanente y sus efectos son devastadores: una infancia que
no ve concretada su derecho a participar y una sociedad que no construye ciudadanía.
Nashieli Ramírez Hernández
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